Impulsa el crecimiento, genera beneficios pecuniarios, otorga oportunidades laborales y, al mismo tiempo, protege la memoria histórica productiva que se conserva por generaciones en las comunidades rurales.

El emprendimiento rural es un factor preponderante para el desarrollo local, considerando las características del territorio compuesto por actores sociales que poseen una cultura singular y un escenario donde el acervo natural y cultural son empleados para la satisfacción de sus necesidades económicas y sociales, plantean Pérez y Jofré (2000).

charles arayaDel Amo y Vergara (2005) plantean que las empresas rurales constituyen un paso fundamental para el desarrollo local, pues contribuyen a estimular la economía rural generando empleos y a la vez cautelando la detección de impactos negativos al medio ambiente.

De acuerdo a Camacho et al. (2005) la clave para levantar capital social es la asociatividad de los emprendimientos ya que se requiere de un equilibrio entre los beneficios de los socios-productores y la rentabilidad de la empresa. Ahora Toiber et al (2016) en su investigación menciona que el éxito de las empresas rurales es producto de la existencia de un fuerte componente de capital social relacionado con una organización basada en relaciones familiares, flexibilidad en la distribución de las tareas, ambiente de confianza y amabilidad, además de compartir la toma de decisiones entre sus miembros.

La clave para levantar capital social es la asociatividad de los emprendimientos ya que se requiere de un equilibrio entre los beneficios de los socios-productores y la rentabilidad de la empresa.

Importancia de la asociatividad

Greve y Salaff, (2003) categorizan el capital social como un recurso intangible que se sustenta en la asociatividad entre los individuos y el trabajo en redes. Estas características facilitan las acciones individuales y colectivas, a su vez fomentan la reciprocidad, la confianza y las normas sociales dan una estructura que permite transformarlo en un factor de empuje del emprendimiento rural.

Para Coleman (1988) el capital social permite lograr determinados fines que en ausencia de este no podrían alcanzarse y, por lo tanto, los esfuerzos por medirlo se ha transformado en objeto de estudio. Los investigadores Oorschot y Arts (2005) señalan que existe un consenso para agrupar los indicadores empíricos del capital social en tres dimensiones relacionadas con la confianza social, redes sociales y normas sociales. En tanto, para los investigadores Neira, Vázquez y Portela (2009) la presencia de capital social medido desde el punto de vista de la confianza dentro de las estructuras sociales puede mejorar muchas actividades y disminuir su costo desde las decisiones colectivas, la coordinación de diferentes iniciativas, la incorporación de innovación, entre otras, las cuales se ven influenciadas positivamente mejorando su eficiencia producto de objetivos comunes, ya que las personas están más dispuestas a cooperar unas con otras.

El capital social bajo un contexto rural posee sus propias características, transformándolo en una ventaja competitiva ante escenarios económicos de incertidumbre.

Para los investigadores David y Taraconte (2015) el capital social bajo un contexto rural posee sus propias características, transformándolo en una ventaja competitiva ante escenarios económicos de incertidumbre. Esto gracias al conjunto de recursos arraigados que facilitan las relaciones entre los agentes y los une a través de redes de confianza que permiten en conjunto acceder a oportunidades para emprender e innovar. El principal impacto es dar solución a los problemas sociales añadiendo valor social.

Conservar el patrimonio

Este constructo de carácter intangible y que se encuentra latente en nuestras comunidades rurales, es uno de los factores que alientan e impulsan el emprendimiento, cuyas señas de identidad patrimonial con un alto significado compartido permiten, según Camagni (2003), que las organizaciones vinculadas geográficamente e históricamente aumenten sus interacciones. Así establecen una red cohesiva, densa y con fuertes vínculos al poseer un territorio geográfico y actividades productivas compartidas.

Este conocimiento colectivo productivo propio de las zonas rurales genera distintos grados de bienestar maximizando oportunidades para emprender desde la mirada de revalorizar el patrimonio intangible y tangible de los productos tradicionales, gastronómicos y culturales.

Estos emprendimientos rurales por su naturaleza social impactan al crear valor social, con un perfil hacia la sustentabilidad. Su implementación requiere de innovación social y escalabilidad siendo parte de su razón de ser la solución de problemas sociales.

El conocimiento colectivo productivo propio de las zonas rurales genera distintos grados de bienestar maximizando oportunidades para emprender desde la mirada de revalorizar el patrimonio intangible y tangible  de los productos tradicionales, gastronómicos y culturales.

Este reservorio de capital social que se encuentra latente en nuestras comunidades rurales, es sustentado por un tejido social fuertemente vinculado a proteger su identidad y tradiciones, las cuales se han transmitido por muchas generaciones siendo un patrimonio vivo, que hoy se transforma en un activo para poder emprender creando empresas sociales que mejoran la calidad de vida y desarrollo sustentable de sus comunidades rurales.

Para que esto tenga viabilidad en el tiempo es necesario la presencia de otros factores de impulso como son los instrumentos de apoyo del sector público. Un buen ejemplo de esto es la reciente clasificación a la producción de vino de pequeños agricultores denominado “Vino Campesino“.

Se requiere además un mercado de servicios financieros y crediticios enfocados en las particularidades de este tipo de emprendimiento, además de la participación de la academia aportando con investigación cualitativa y cuantitativa que permita innovar y mejorar los procesos añadiendo valor. Este debe ser percibido con las preferencias de la comunidad urbana en apoyo al valor patrimonial y social que tienen los servicios y productos originarios del ámbito rural.

Sin duda que el capital social que emerge desde una perspectiva local, donde las comunidades o grupos sociales ponen en marcha una idea de negocio, apalancado por la confianza social, el trabajo en redes y normas sociales, lo posiciona como un activo que impulsa el desarrollo económico, generando beneficios pecuniarios, otorgando oportunidades laborales y, al mismo tiempo, protegiendo la memoria histórica productiva que aún se conserva por generaciones en nuestras comunidades rurales.

Por Charles Araya Véliz
Director de Ingeniería Civil Industrial
Universidad San Sebastián, sede Concepción

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