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Estancamiento económico e incertidumbre dividen al mundo entre ellos y nosotros

La convergencia de nuevas tecnologías con los miedos más ancestrales del ser humano, se ha convertido en un foco de análisis para explicar por qué el mundo parece estar mutando desde una sociedad global hacia un conjunto de sociedades tribales.

¿El fin de una era? Es una pregunta que puede sonar grandilocuente, en vista de las incontables ocasiones en las que gurúes esotéricos han ocupado los medios de comunicación para vaticinar catástrofes del más diverso tipo. Además, es una pregunta sospechosamente repetida, que nos hace rememorar el viejo chiste que dice que los economistas son “tan buenos” haciendo predicciones, que de las últimas 5 crisis económicas adelantaron 12.

Finalmente, es una pregunta que puede despertar suspicacia, porque las predicciones sobre los últimos eventos políticos fueron erradas: tanto el Brexit como el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos se vieron, en su momento, como eventos improbables. Por ejemplo, el prestigioso New York Times el mismo día de la elección presidencial en EE.UU. le asignaba una probabilidad de triunfo de 84% a Clinton y 16% a Trump.

Sin embargo, esos errores predictivos justamente pueden ser los síntomas de transformaciones económicas y sociales tan profundas, que sólo ahora están emergiendo y siendo reconocidas. Entre ellas, la inesperada convergencia de las nuevas tecnologías con los miedos más ancestrales del ser humano, se ha convertido en un foco de análisis recurrente para explicar por qué el mundo parece estar mutando desde una sociedad global hacia un conjunto de sociedades tribales. Pero vamos por parte.

La inesperada convergencia de las nuevas tecnologías con los miedos más ancestrales del ser humano, se ha convertido en un foco de análisis recurrente para explicar por qué el mundo parece estar mutando desde una sociedad global hacia un conjunto de sociedades tribales.

Efecto de las redes sociales

Cuando las redes sociales emergieron y se incorporaron a nuestras rutinas, se suponía que la posibilidad de opinar y dialogar abiertamente en espacios virtuales ampliaría nuestra perspectiva del mundo. El intercambio permanente de opiniones nos haría más empáticos al interactuar con otros, además de ayudarnos a distinguir lo veraz de lo falaz, contrastando distintas fuentes de información.

Sin embargo, eso no siempre ha sucedido. Al contrario, se ha observado que las redes sociales, simplemente reflejando conductas más atávicas, se parecen más a una trinchera que a una plaza pública. Es decir, en nuestras interacciones sociales nos atrincheramos con personas que piensan de manera similar: así podemos reforzar nuestras convicciones y no vernos expuestos a la desagradable sensación de que nos obliguen a cuestionar aquello en lo que creemos.

El resultado de esto es una exacerbación de fenómenos antiguos, como la polarización de posturas y la distorsión de la verdad. En cuanto a la polarización, antes del auge de las redes sociales, una persona con posiciones radicales tenía que socializar en un entorno donde la mayoría no pensaba como ella. Pero ahora, las redes sociales permiten que esta persona se encuentre en el espacio virtual con sus semejantes, de modo que sus convicciones se verán confirmadas en vez de ser revisadas a partir de un diálogo crítico. Gracias a esto, movimientos radicales, como ISIS o los supremacistas blancos en Estados Unidos, han logrado construir una base para llevar a cabo sus objetivos. Por ejemplo, a propósito del radicalismo islámico, desde mediados del 2015 hasta agosto de este año Twitter había suspendido más de 360.000 cuentas vinculadas al terrorismo.

Fake news o Trucho-Noticias

En cuanto a la distorsión de la verdad, lo ocurrido en las últimas elecciones en Estados Unidos resulta ejemplar. Mientras los medios tradicionales de comunicación, en especial los diarios, están experimentando dificultades para ser rentables en esta nueva era digital, al mismo tiempo se ha abierto un nicho para ofrecer noticias que, más que acomodarse a los hechos, se acomodan al gusto del lector. Son las Fake News, es decir, noticias falsas o de verdades a medias o distorsionadas. Que el Papa Francisco sorprende al mundo, y le da su apoyo a Donald Trump para ser presidente; o que un  asesor de Hillary Clinton participaba en rituales satánicos bebiendo fluidos corporales, son ejemplos de noticias falsas que circularon masivamente a través de Facebook, y que, en algunos casos, generaron más visitas que las publicadas por los medios de comunicación tradicionales.

Las noticias son publicadas por grupos partidistas (de todos los sectores) que buscan incidir en la política, pero también por individuos que, identificando un público ávido por leer información que confirme sus creencias, diseminan estos titulares falsos a fin de que se haga clic en ellos. Al hacerlo, se envía a los interesados a los propios sitios Web de noticias falsas, donde sus dueños ganarán ingresos por publicidad. 

Las noticias son publicadas por grupos partidistas (de todos los sectores) que buscan incidir en la política, pero también por individuos que, identificando un público ávido por leer información que confirme sus creencias, diseminan estos titulares falsos a fin de que se haga clic en ellos.

Ahora bien, como cerca del 40% de la población en Estados Unidos se informa a través de Facebook, su efecto no puede menospreciarse. De hecho, el Oxford English Dictionary acaba de designar como palabra del año el término Post-Truth (Posverdad), que denota las “circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Levantar murallas

En las últimas décadas, la globalización ha generado crecimiento económico en muchos países emergentes. Pero en los países desarrollados, la migración de las empresas hacia los primeros, así como la automatización de procesos que amenazan el trabajo humano (piense en los autos sin conductor que ya se están testeando) ha provocado el estancamiento económico y la incertidumbre de la población menos preparada para enfrentar estos cambios.

En ese contexto, la búsqueda de culpables identificables ha sido la estrategia de políticos para ganar votos, despertando así el sentimiento de tribu, que divide al mundo entre ellos y nosotros. Para Donald Trump, como China y México se están llevando los empleos, y los musulmanes son una amenaza terrorista, hay que levantar murallas al libre comercio y a la inmigración. Lo mismo ocurrió en Reino Unido y podría extenderse al resto de la Unión Europea.

De ser así, entonces, el mundo entendido como una sociedad global, cedería su lugar a un mundo fragmentado, donde las murallas y los sentimientos tribales podrían volver a predominar, como ha sucedido muchas veces en la historia humana.

Cristian Selman Soto
Académico de la
Facultad de Ingeniería y Tecnología
Universidad San Sebastián

Vea el artículo en diario Concepción

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