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El capital intelectual es un factor clave para el éxito empresarial

Han surgido teorías que avalan una estrategia empresarial basada en los intangibles como fuente principal de excelencia empresarial, donde el concepto de capital intelectual comienza a tomar fuerza como un activo estratégico.

Thomas Friedman (2005) en su libro titulado “La tierra es plana” acuña sugerentemente el término “globalización”. Se sustenta en el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de información y comunicación (TIC), sumando los avances tecnológicos de los medios de transportes, los que han roto el paradigma del aislamiento geográfico como pretexto para no acceder al conocimiento y capturar las mejores prácticas en el ámbito organizacional, independiente donde se realice la actividad económica.

Esta carretera de datos e ideas que circulan en el ciberespacio, que de alguna forma al organizarlos se transforman en información que es utilizada por las empresas para operar o mejorar sus procesos, posibilita nutrir los inventarios de conocimiento ejecutable. Su uso práctico y el estudio de sus restricciones permiten almacenarlos en la estructura organizacional como enseñanza-aprendizaje, es decir, experiencia acumulada.

Estos conocimientos explícitos y tácitos crean valor a las organizaciones ya que han cimentando una serie de recursos intangibles que ayudan a enfrentar un escenario de incertidumbre y cambio constante. Se trata de una situación propia de la era del conocimiento, donde la valorización de los intangibles como herramientas de ventaja competitiva para producir riqueza, establecen un nuevo activo de carácter dinámico que reconoceremos como capital intelectual.

Aprendizaje permanente

El contexto que enfrentan las organizaciones para obtener ventajas competitivas, y en definitiva el éxito empresarial, depende de la formulación de estrategias que faciliten desenvolverse y gestionar las oportunidades que entrega una economía basada en el conocimiento.

El desarrollo de las tecnologías de información y comunicaciones, junto a una cultura de innovación permanente en búsqueda de la excelencia, obliga a las empresas a construir un ambiente propicio para el aprendizaje y la enseñanza de carácter permanente con el fin de instaurar una dinámica que sustente poder capturar o adquirir las mejores prácticas de los líderes del ecosistema económico donde compiten. Así encauzan sus acciones operativas en la cadena de valor, donde juega un importante rol la definición de actividades esenciales que permitan aprovechar los nuevos conocimientos explícitos y tácitos, tanto individuales como colectivos, que surgen de la interacción con el medio interno y externo, incorporando nuevos stocks de conocimientos, valorizados como activos intangibles disponibles para desarrollar competencias para enfrentar un escenario dinámico y en constante mejora de los productos y servicios , ya no solo a nivel local sino global.

La mantención de estos nuevos conocimientos esenciales se sustenta en parte a través de una estrategia de benchmarking y retrospección interna en búsqueda de una inteligencia competitiva que formule la creación de capital humano, capital estructural y capital relacional, permitiendo una nueva mirada y puesta en valor de los activos intangibles.

Hoy gracias a los modelos existentes que tangibilizan este capital, se abren grandes oportunidades para diversificar la forma como se evalúa el éxito empresarial y, en un futuro cercano, será una práctica permanente que los inversionistas y al sector financiero considere en su análisis que el capital intelectual es un factor de competencia clave para enfrentar este siglo.

Evolución de las fuentes de riqueza

Toffler, en su libro “La revolución de la riqueza”, describe cómo las fuentes de creación de riqueza han evolucionado y han tenido de menor a mayor participación de acuerdo a la economía imperante en los últimos siglos.

Desde la fuerte participación de la agricultura producto de la explotación de la tierra, hasta la incursión del capital y el trabajo en la era industrial, la riqueza se basaba en recursos tangibles, sin embargo, a finales del siglo XX se comienza a perfilar una nueva fuente de riqueza en que sus principales recursos son de naturaleza intangible dando paso a un nuevo paradigma, según Montuschi (2000), “la economía basada en la información“ o la “sociedad basada en el conocimiento “, que tiene sus ejes en el manejo y difusión de la información y las comunicaciones.

Bell (1976) sostiene que el conocimiento se ha convertido en un factor clave y distintivo que permite transformar insumos en bienes y servicios con mayor valor agregado.

En este nuevo contexto, surgen teorías que avalan una estrategia basada en los intangibles como fuente principal de excelencia empresarial, donde el concepto de capital intelectual comienza a tomar fuerza como un activo estratégico. Bradley (1997) argumenta que el capital intelectual consiste en la capacidad para transformar el conocimiento y los activos intangibles en recursos que crean riqueza tanto en las empresas como en los países.

Desafío

Frente a lo anterior las empresas han visto la importancia de incorporar en sus lineamientos administrativos los mecanismos de captura de conocimientos externos e internos, con el fin de contar con un stock de conocimientos robustos, para la toma de decisiones y definiciones de estrategias de competitividad más efectivas a un escenario que involucra una alta proporción de incertidumbre y cambio permanente.

Según Edvinsson (1998) la preponderancia del capital intelectual es inevitable, dadas las irresistibles fuerzas históricas y tecnológicas captando la dinámica de crear y sostener valor en las organizaciones.

Para los ápices estratégicos de las organizaciones, se presenta un desafío: enfocar los procesos organizacionales para que alienten el desarrollo de la enseñanza y el aprendizaje de nuevas habilidades y conocimientos para así transformarlos en capacidades competitivas dinámicas cuyos desempeños superiores permitan construir un factor de competencia clave.

Charles Araya Véliz
Académico Facultad de Ingeniería y Tecnología
Universidad San Sebastián

Vea el artículo en diario Concepción

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